Sócrates es un perro bastante particular. Habla y, además, es un filósofo en ciernes que se replantea la realidad, sacando curiosas conclusiones.
Sócrates es el perro de Heracles, aunque luego tendrá otros dueños, como Ulises, el Cíclope o el propio Edipo, y con ello recorrerá la Hélade, correrá aventuras y dará la vuelta a los grandes mitos clásicos.
Pues Sócrates tiene un peculiar sentido del humor que le permite juzgar las cosas de una manera muy particular, quitándoles las más caras a los héroes para convertirlos en quejosamente mujeriegos (como Hércules), caprichosos y aburridos de sus epopéyicos destinos (como Ulises) o menos monstruosos de lo que creíamos y mucho más sensibles y artísticos (como el cíclope Polifemo).
Se crea así una disparatada historia (que tienen una clara lógica interna) que nos habla de temas actuales (el amor y la guerra, los sentimientos y los deseos) para el lector actual al que se le convierte en una especie de Pepito Grillo (perruno)












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