No hacen palabras, solo con ver la imagen todo el mundo estará de acuerdo que para la elegancia de una señora no es ni siquiera necesario tener cuerpo.
No hacen palabras, solo con ver la imagen todo el mundo estará de acuerdo que para la elegancia de una señora no es ni siquiera necesario tener cuerpo.
Mudanza., la de una casa que es la metáfora de un cuerpo que es la menopausia.
Lo elegí con entusiasmo cuando vi su contraportada. Quería leer mi propio diario en las palabras de otra. Quizás por eso me defraudó.
El libro es correcto, tiene ritmo, pero no coincidía con mis necesidades. Yo ansiaba encontrar todos mis miedos y solo encontré sofocos y escalofríos. Busqué cómo era el sexo tras un divorcio y tras la menopausia, pero no encontré más que algunos lugares comunes y poca chicha.
Era rápido, de escenas cortas y bien enlazadas, pero superficial, al menos para otra menopáusica que buscaba una investigación sobre todas debilidades y miedos que llegan según se va retirando la regla.
Necesitaba una cartografía precisa de este mundo y solo me enseñaron una postal que quizás llegue mejor a todos los públicos .
Buscaba una explicación de los nuevos deseos que aparecen de nuevo con una fuerza atronadora. Un terremoto al que no estás acostumbrada y te da miedo. Miedo de ti misma, pues te pareces una desconocida que está harta de obedecer y necesita aire, nuevo aire que respirar.
Por eso no me gustó, aunque sea entretenido y con chispa. Aunque sea un lugar común, no es el libro, soy yo quien lo ha leído mal
A pesar de que los dos deseaban estar juntos, tenían que ir acercándose desde una gran distancia,
La insoportable levedad del ser (Milan Kundera)
El cielo azul (que seguro que pronto amenazará agua), los mil símbolos pasionistas (Cordero, azucenas, Verónica, uvas, Sagrado Corazón...) se entremezclan con ese sensación de misterio e ingravidez que siempre tiene la religión en Andalucía, bastante lejos de otras sensibilidades religiosas en donde, sin embargo, hay que conocer las claves para comenzar a entender y sentir.
Liturgias que tienen mucho de familia, amigos y tradiciones, en donde hasta la mismísima muerte se puede convertir en belleza y primavera.
Había olvidado sentirme culpable al cruzar la puerta, y esperé a que llegara la culpa, pero no hizo acto de presencia. Esta última experiencia sexual había sido asunto de vida o muerte, no un romance sino una escalera que se me tendía.
A cuatro patas (Unknown)
Su agresividad, invulnerable, ruidosa y temperamental, lo liberaba del peso de la bondad que había cargado pacientemente durante veintitrés años de matrimonio.
La insoportable levedad del ser (Milan Kundera)
¿Acaso no conocéis que Atenea y Poseidón lucharon por el control de Atenas, y mientras que el dios del mar les ofrecía a los atenienses, Atenea les plantó su primer olivo?
En esta historia Pérez Villalta nos habla de la civilización contra la barbarie, de lo simple y bello a lo confuso y entrelazado, de lo femenino y lo masculino.
El pintor disfruta mucho pasando tiempos clásicos a modernos, reelaborando conceptos geométricos o arquitectónicos que se salen del motivo clásico pero respetan por completo la esencia (como ese juego de proporciones aúreas del laberinto de Poseidón.
Nos deja así historias sobre las que pensar, igual que hacían los griegos con su mitología.
Esto escribí sobre el libro de Busquet, Todo esto pasará
Como ella misma dice que le enseño su madre, la mismísima Busquets, la ligereza es un signo de elegancia, algo que la autora práctica para hablar de muerte o de sexo sin caer en el drama.
Las cosas suceden como un río que pasa. Todo pasa, las alegrías y las tragedias y solo queda lo que vamos haciendo con nuestra vida, especialmente el sexo como enemigo inseparable del Thanatos, el placer presente de un orgasmo que nos saca de las bajezas del mundo, pero también el futuro de la insinuación y el devaneo como un juego mental y sensual que requiere tanta inteligencia como descaro y fuego.
Y yo cada vez persigo esa ligereza como una forma de vivir mejor, más elegante y mucho menos dolorosa, y cuando pienso en ello, me llega siempre la imagen del Nadador de Paestum, una pintura funeraria griega del siglo V a C.
Cómo me gustan las pinturas de Perez Villalta en donde las cosas son una cosa y la contraria. Me encantan esas parejas que juegan a ser un espejo deformado de la otra parte, como en este libre albedrío que se opone a la razón tan colocada y enérgica.
Yo realmente hasta hace un par de años, acaso menos incluso, habría elegido las razones ordenadas. Pues he sido siempre controlada por ese imperativo kantiano que me ha controlado la vida con el deber y hacer siempre lo correcto (¿los que los demás consideraban correctos porque les venía de maravilla para sus intereses?)
Tras un largo desencantamiento del mundo que empezó en mi trabajo (y vocación) docente (bastante más por las alturas que por el suelo de las propias clases) y ha seguido avanzando por otras parcelas de mi vida, ahora empiezo a sentir que la libertad del libre albedrío (personal, singular, emocional) es dura, produce nudos y desgarro como los que siento en los últimos meses.
Y pese a todo...
Prefiero seguir viviendo con un poco más de holgura para llorar y reír, no solamente pensar , sentir no solamente para ordenar .
Guillermo Pérez Villalta es un artista perfecto para que podamos pensar sobre las mitologías sociales y personales, abriendo siempre un pequeño hueco por si queremos entrar
Tal vez sea un gimnasta con unas anillas hechas de agua o quizás sea todo eso un puro juego de apariencias, como es nuestra realidad actual en donde las cosas recuerdan vagamente la historia del pasado pero ya no lo son en realidad, pues todo lo sólido ahora sí según más se ha desvanecido en el aire.
Lo importante es que hay agua en las fuentes y en el mar del fondo Que todo está organizado por una geometría que nunca deja de ser humana. Que hay un arco que no dispara más que el infinito o un musulmán embelesado en ver algo cóncavo.
Pocos poemas más bellos
Sin embargo, como siempre, Villalta le da una vuelta nueva a todo lo pasado, como buen por posmoderno, igual que Juan Muñoz. Siempre hay una segunda lectura. En este caso son unas letras que en el fondo son un laberinto, casi como un juego de atención hecho para que el espectador intente buscar el mensaje en medio de una maraña de colores y geometrías.
Pero como buen posmoderno también lo que hace directamente es enseñarnos que todo ha venido desde una trama puramente geométrica. No hay ningún tipo de improvisación. Las letras juegan a ocupar distintos espacios de los que no estaban previstos en un principio.
La figura de Allende vista desde un doble prisma, el de sus relaciones personales con amigos y sus propias hijas, y la de estadista convencido de que la revolución se puede hacer de forma pacífica y constitucional, obedeciendo las leyes.
La historia la narran esas tres hijas de un militar chileno, una típica familia acomodada que sin embargo siempre estuvo a favor de Allende y de su política el Concordia y diálogo para cambiar el mundo.
Desde ellas, y desde una joven científica que será luego la suegra de una de ellas, vemos cómo el clima político de Chile poco a poco se irá haciendo cada vez más irrespirable hasta desembocar en el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973.
En el aspecto histórico la novela es muy interesante porque pone poco el acento en la derecha reaccionaria y cómo intenta acabar con el gobierno de Allende, y se fija más en la propia izquierda y en sus derivaciones más extremistas, desde el MIR y hasta todos los grupúsculos revolucionarios apoyados desde Cuba.
Ambas cuestiones, el clima de progresivo deterioro de la tranquilidad pública y la vida cotidiana (con una inflación y una falta cada vez más grave de alimentos de primera necesidad) y una más acelerada tensión social, con la izquierda extremista que ataca directamente a la izquierda más dialogante, recuerdan dolorosamente a la historia de nuestra segunda república ¿y nuestra propia actualidad de fango?
Escrita de forma muy sencilla su estructura atrapa al lector y le hace continuar casi leyendo solo de una tacada.
Texto remitido por Martina a Beatrice
El mundo de ayer
Me están dando la última oportunidad de salir, aunque duele mucho.
Quiero darme la vuelta y buscar en el ahora.
Teresa se toma las cosas demasiado en serio, por cualquier cosa hace una tragedia, no es capaz de comprender la levedad y la divertida intrascendencia del amor físico. ¡Quisiera aprender a ser leve! ¡Desea que alguien le enseñe a dejar de ser anacrónica!
La insoportable levedad del ser (Milan Kundera)
los personajes no nacen como los seres humanos del cuerpo de su madre, sino de una situación, una frase, una metáfora en la que está depositada, como dentro de una nuez, una posibilidad humana fundamental que el autor cree que nadie ha descubierto aún o sobre la que nadie ha dicho aún nada esencial.
(...)
Los personajes de mi novela son mis propias posibilidades que no se realizaron. Por eso les quiero por igual a todos y todos me producen el mismo pánico: cada uno de ellos ha atravesado una frontera por cuyas proximidades no hice más que pasar.
La insoportable levedad del ser (Milan Kundera)
Quien se entrega a otro como un soldado que se rinde, debe hacer previamente entrega de cualquier tipo de arma. Y si se queda sin defensa alguna ante un ataque, no podrá evitar preguntarse: ¿Cuándo llegará el ataque? Por eso puedo decir. Para Franz el amor significaba la permanente espera de un ataque.
La insoportable levedad del ser (Milan Kundera)
Ya no explorábamos nuestros deseos, confiábamos el uno en el otro, estábamos tranquilos. Descubrimos el placer de las caricias sin exigencias, los párpados cerrados, el susurro en la oscuridad. Habíamos dejado tras nosotros la precisión del sexo. Unas veces era él la mujer, otras era yo el hombre, pero siempre estábamos presentes los dos, aunque ocultos bajo una nueva y cómoda ambigüedad. En otras palabras, estábamos envejeciendo. Pero envejecíamos juntos.
Timandra (Theodor Kallifatides)
Nos gusta por sus frases demoledoras, escribiendo con un hacha que hace cortes perfectos y mortales en los troncos
Nos gusta por la poesía que hay debajo de su la violencia verbal.
Nos gusta la sinceridad hiriente de esta historia de amor de dos mujeres puestas en esquinas contrarias.
En un lado de encuentra Sama, la femme bella y delicada, sexual y diosa, que salva a Boulder de su existencia y le hace probar el amor.
Frente a ella se encuentra Boulder
Una bucht rocosa que nos habla en primera persona y que se ve arrastrada lentamente a su destrucción, por las rutinas, por la necesidad de Sama por ser madre.
Este será el quicio en donde la historia cambie, primero en el embarazo, en el parto, en la lactancia... hasta convertirse en una verdadera extraña.
Esta historia dolió pues es demasiado parecida a alguna bien conocida, da lo mismo la orientación sexual, pues los dolores son muy semejantes, y la desesperanza y las traiciones inevitables.
Pues ni siquiera los boulder, esas piedras aisladas en la nada, son invulnerables a la erosión lenta del tiempo