Con la misma inteligencia e irreverencia de los Conejitos suicidas Andy Riley nos vuelve a hacer pensar, convirtiendo el humor en una sutil navaja suiza que sirve para desatornillar las distintas capas de la realidad y desentrañar sus mecanismos.
Sus temas son tan variados que siempre nos sorprender y, comenzando por la ingenuidad, su corrosivo humor nos habla de lo divino y lo humano, sin renunciar a nada.











