Hasta la conquista de Granada (1492, fin de la Reconquista), los musulmanes presentes en territorios cristianos se denominaban mudéjares. A partir de ese momento, moriscos.
Su población era muy abundante en el valle del Ebro, Valencia (huertas de Játiva y Gandía, montaña alicantina en las sierras de Espadán, siendo un tercio de la población), Alpujarras y Almería.
La España morisca
En el primer cuarto del XVI comienzan las conversiones forzosas al catolicismo. En Granada tras la revuelta producida por las capitulaciones, en el Levante tras la revuelta de las Germanías (pues aún en el mismo bando vencedor, fueron obligados a la conversión). Tras ello, y hasta mediados de siglo, sigue una época más pacífica en donde las autoridades eclesiásticas emprender una fuerte campaña de evangelización.
Bautismos forzosos y multitudinarios de moriscos
Con la llegada de Felipe II la actitud cambia y se comienza a producir un clima de sospecha (la ayuda a los berberiscos, bandolerismo, herejías que empieza a investigar la Inquisición...) que culminará en la revuelta de las Alpujarras
Ayna, Albacete, un rincón perdido en el que se mantuvo el espítritu morisco mucho más allá de su expulsión debido a su incomunicación
La población morisca formaba grupos muy cerrados y endogámicos (no se casaban con otros) organizados en torno a los alfaquíes (clérigos islámicos) y con la familia extensa como forma de cohesión
La mujer era la gran mantenedora de las costumbres, y se dedicaban, fundamentalmente, a la agricultura de primor (regadío) y sus industrias derivadas (azúcar, gusano de seda). Eran también numerosos en el gremio de los arrieros tal como nos lo presenta Cervantes en su morisco Ricote.
Ya desde tiempos de la Reconquista fueron despojados de casas y tierras, formando nuevas comunidades en zonas periféricas de la ciudad (los ravales o morerías como estos de Oliva, Pastrana o Sepúlveda) y trabajando como arrendados en las tierras antes propias y ahora en manos de la pequeña nobleza.
Despoblado morisco La Roca, en las cercanías de Alcalá. Montaña alicantina
Muchas de sus costumbres y cultura (derivadas de su pasado andalusí) fueron transmitidas al mundo gitano, otro grupo con el compartían numerosas características (su idioma, la algarabía, zambra, velos, creencia en el fatum o destino...).