Los movimientos políticos no se basan en posiciones racionales, sino en intuiciones, imágenes, palabras, arquetipos, que en conjunto forman tal o cual kitsh político.
La insoportable levedad del ser (Milan Kundera)
Los movimientos políticos no se basan en posiciones racionales, sino en intuiciones, imágenes, palabras, arquetipos, que en conjunto forman tal o cual kitsh político.
La insoportable levedad del ser (Milan Kundera)
Es tan difícil imaginarse al Universalismo sin el Estado como a la malaria sin el mosquito.
“Es un culto de misterio porque desplaza las tradiciones teístas al reemplazar las supersticiones metafísicas con misterios filosóficos, como la humanidad, el progreso, la igualdad, la democracia, la justicia, el ambiente, la comunidad, la paz, etc.”
“Ninguno de estos conceptos, definidos en una doctrina Universalista ortodoxa, es siquiera un poco coherente. Todos pueden absorber arbitrariamente energía mental sin producir pensamiento racional. En este sentido su mejor comparación es el sinsentido Plotiniano, Talmúdico, o Escolástico.”
Las Guerras Púnicas (en especial la segunda en la que Aníbal paseó impunemente por el territorio italiano durante años) generaron todo un nuevo rumbo para la historia de Roma, que, tras estar a punto de desaparecer, consigue renacer y convertirse casi inmediatamente como un imperio al invadir la zona griega.
Será el momento en donde la plebe acudirá en masa a las ciudades a la vez que se crea toda una nueva economía esclavista cambia las condiciones sociales y económicas, y la cultura griega se va progresivamente imponiendo por una doble vía (las ciudades de la Magna Grecia y la conquista de la zona continental griega de la que llegan miles de esclavos helenos).
Los cambios sociales traen también otros políticos en donde se busca un nuevo encaje de las tradiciones y poderes romanos a las nuevas situaciones, con especial atención a los plebeyos, cada vez más numerosos y deseosos de espectáculos y alimentos. Será el comienzo del panem et circenses y los triunfos, muchos de ellos pagados por los propios generales victoriosos, pero también de otros tipos de control, como la religión que se emparente cada vez más con el poder.
Frente a todo esto, religiones mistéricas como las báquicas suponen un peligro por sus integrantes plebeyos y esclavos que buscan salidas a su situación.
Son lugares de pérdida de control de los patricios, y por ello progresivamente eliminadas.
Este libro es la historia de estas prohibiciones, de sus motivos confesados y de todos los inconfesables. Es la historia de cómo crear un relato e imponerlo a la ciudadanía para que termine apoyándolo como si fuera propio. Un maravilloso desvelamiento de todo tipo de mecanismos políticos para conseguir unos objetivos tan maravillosamente contados que se lee como una novela negra... de la que se sabe el final, y mientras lo hacemos vamos comprendiendo ... muchas de las políticas actuales.
En primer lugar, hay que incitar a mujeres, inmigrantes y personas de color menos privilegiadas a apartarse de las feministas adaptadas al mercado, los antirracistas meritocráticos y el movimiento LGBTQ+ convencional, cómplices de la diversidad corporativa y del capitalismo verde o “ecocapi-talismo” que se apropiaron de sus inquietudes para modificarlas de modo que resultaran compatibles con el neoliberalismo. Esa es la meta de una iniciativa feminista reciente que procura reemplazar el feminismo de élite por un “feminismo para el 99%”. Otros movimientos emancipatorios deberían copiar esa estrategia.
(...)
es imprescindible convencer a las comunidades trabajadoras sureñas, rurales y del Cinturón del Óxido de la necesidad de apartarse de sus actuales aliados criptoneoliberales. El truco consiste en persuadirlas de que las fuerzas que promueven el militarismo, la xenofobia y el nacionalismo étnico no pueden y no van a proporcionarles los prerequisites materiales esenciales para una vida digna, mientras que un bloque populista progresista sí está en condiciones de hacerlo. De ese modo, sería factible deslindar entre los votantes de Trump que pueden y deben ser sensibles a ese llamamiento, y los racistas declarados y los nacionalistas étnicos de la derecha alternativa que no lo son. Decir
(...)
No sugiero que un bloque populista progresista deba silenciar las acuciantes inquietudes en torno al racismo, el sexismo, la homofobia, la islamofobia y la transfobia. Al contrario, el combate contra estos males debe ocupar un lugar central en un bloque populista progresista. Pero es contraproducente abordarlos con una condescendencia moralizadora, a la manera del neoliberalismo progresista. Este enfoque supone una visión superficial e inadecuada de esas injusticias, que exagera groseramente la idea de que el problema reside en la mentalidad de la gente y soslaya la profundidad de las fuerzas estructurales e institucionales subyacentes.
(...)
estoy bastante preocupada por el surgimiento de un imaginario de izquierda que se concentra obstinadamente en los movimientos sociales y no piensa en los sindicatos, los partidos y otras formas de organización de los trabajadores. Creo que la izquierda está en crisis al menos en dos aspectos: carecemos tanto de una visión programática como de una perspectiva organizativa. Es como si hubiéramos pasado de la crítica del partido leninista al espontaneísmo neoanar-quista. No me parece que este último sea algo serio, si lo que queremos es cambiar el mundo de raíz. Por eso me interesa explorar el enorme terreno comprendido entre esos dos extremos.
¡Contrahegemonía ya! (Nancy Fraser)
Es una experiencia maravillosa cuando te encuentras convertidas en certeras palabras tus intuiciones largamente vislumbradas entre la niebla, sin poder concretarse del todo.
Cuando sucede la luz ilumina lo que antes eran simples bultos, todo cobra un sentido evidente.
Y es que Nancy Fraser realiza en muy pocas páginas un acerado análisis de la política estadounidense (que puede trasladarse sin dificultad al caso europeo) partiendo de dos vectores: representación (de las distintas identidades) y redistribución (de la riqueza entre las clases).
Surge así el concepto progresismo (en cuando a representación de las minorías raciales, de género, LGTBIQ+...) neoliberal (en cuanto a sus formas económicas en donde la riqueza cada vez se redistribuye menos y la brecha entre los muy ricos y el resto se acelera).
Clinton, Obama , Biden representan así una fachada comprometida con los colectivos menos representados que, en el fondo, abandona a las clases bajas con su modelo de globalización financiera, desindustrializadora de los países ricos y con todos los poderos del estado organizados para una paz social que no deje ver los verdaderos problemas.
Según la autora, todo esto ha dejado grandes bolsas de clases bajas, desclasados, clases medias en decadencia que ha aprovechado la ultraderecha (Trump) para auparse al poder (tanto por sus problemas económicos y sociales como por un profundo odio hacia las clases privilegiadas y otros chivos expiatorios, como los inmigrantes).
Evidentemente esto sólo es un anzuelo pues en cuanto llegó al poder, Trump siguió su ideas neoliberalistas (aún más agresivas).
Todo ello se plantea como una oportunidad para que la izquierda reaccione y cree (según Gramsci) que puede volver a crearse una contrahegemonía frente a esta ultraderecha (pues el anterior progresismo está en franca decadencia) volviendo al concepto de clase social (en donde se puede incluir las identidades, pero no ser el referente fundamental) en donde tu pobreza es tan importante como tu raza, género u orientación social.
Aunque no lo explicite, en el fondo todo el análisis es una crítica al universo woke de progresismo "de pijos", de clases acomodadas que pontifican (con un aire de suficiencia) a los negros, mujeres, LGTBIQ+ pobres sobre cómo el patriarcado blanco les oprime.
Un aviso a la deriva cada vez más neoliberal de la izquierda mientras está ensimismada en el bosque de las identidades (¿o acaso las utiliza como una forma de blanqueamiento, como una sutil forma de control y superioridad moral?)
Un magnífico estudio de cómo se construye el mito de la democracia ateniense realizado por Herodoto y Pericles (en su famoso lamento fúnebre) y que más tarde será rectificado por Tucídides, que hablará claramente de papel del imperio como motor económico de esta democracia (sólo realizada en Atenas, pero no en sus colonias)
En este sentido resulta muy interesante el análisis del ostracismo y la nueva boule como una forma de desactivar la tribus y crear la demos (ambos creados en las reformas de Clístines).
También lo es el estudio del teatro como una forma de paidea (educación) cívica y política, convirtiéndose (en tiempos de Pericles) en altavoz emocional del poder y, posteriormente, en el lugar de la oposición.
El autor plantea, además, la evolución de una democracia Arcaica (Solón) a otra principesca (Clístenes, Pericles) para desembocar, tras las guerra del Peloponeso, en una demokratia mucho más popular (y por tanto más tensa, social y cambiante.
La segunda parte del libro se dedica a los años post Peloponeso, con sus golpes de estado, políticas tuteladas, manipulaciones demogógicas de la asamblea, desastres militares como Sicua, Ebea o Sicilia; siempre con la tutela (unas veces a favor, otras en contra de Alcibíades)
Da los mismo cómo lo llamemos, el fenómeno es cada vez más presente en varios continentes (Trump, Bolsonaro, Meloni, Orban, Le Pen, VOX, Polonia, Grecia,...)
Por eso llevamos tiempo dedicando post y buscando libros y otras fuentes de información que nos ayuden a comprenderlo para evitar caer en sus redes
La política de los sentimientos (Trump y el Brexit,/ Cataluña)
Podcast
Bibliografía
Carlos Granés. Salvajes de una nueva época
Nick Land. La ilustración oscura.
¿De dónde viene esta actitud? ¿Por qué reiventarnos el pasado y quedamos prendados de esa construcción?
En primer lugar Bauman nos plantea del individualismo generado por el neoliberalismo y la relatividad posmoderna que ha roto con los grandes relatos como un foso abierto que nos llena de inseguridades, de una falta de estabilidad, firmeza y futuro (se ha cancelado la idea de progreso infinito ante los cambios sociales o climáticos) y ese pasado inventado es una fantástica panacea .
Con la globalización los gobiernos han abdicado realmente a gobernar dejando al individuo cada vez más solo ante los migraciones o un futuro laboral cada vez más precario. Esto es caldo de cultivo de la ira y la violencia, del odio que los populistas utilizan para reivindicar su política tribal (nosotros contra ellos; son ellos, por oposición, los que nos definen como nosotros).
La historia parte de dos escenarios (una casa ocupa en Lavapiés y un hogar social nazi en el barrio de Salamanca) y dos de sus líderes ideológicos que terminan protagonizando una historia de amor.
Sobre esta estructura Duval consigue intensísimas páginas en donde desarrolla la ideología y motivos de ambos extremos, dejando al lector toda una compleja propuesta política en donde hay casi más semejanzas que diferencias (aunque por supuesto siempre a favor de lo ocupas)
La historia de amor gay es un tanto floja, el Madrid arde una trasposición de la guerra de guerrillas sucedida en Barcelona tras el juicio, pero todo el engranaje de motivos, intereses y ansiedades de ambos grupos es maravillosa y os iremos dejando algo de ellos para poderlos utilizar (perfectamente) en clase, especialmente los del grupo nazi.
De una forma más profunda toda la novela habla de los desgarros sociales que está generando la tensión política y social. Una ruptura que es la de los propios personajes y todas sus imposturas (¿es posible un gay nazi? ¿puede ser la hija de papa millonario una izquierdista completa? ¿se puede mantener una ideología tan distinta y esconderla por amor frente a su contrario? ¿cómo se evita que se impongan siempre los más radicales entre los radicales?)
Pese a que el final no me gustado, recomiendo encarecidamente la novela. Ayuda mucho a conocer el paisaje social que nos rodea pero aún más para conocernos a nosotros mismos y todas nuestras debilidades.
Aunque ya tenga cuatro años el libro se encuentra de plena actualidad.
En el se plantea las relaciones entre arte y política y la política como forma extrema de arte posmoderno.
El primero de los temas (acaso el más flojo) nos plantea la obra de arte actual como un puro remedo de Duchamp que luego pasó por lo conceptual para ser mal digerida por la posmodernidad. Ninguna novedad más que su tendencia a lo woke (las buenas causas, la crítica del capitalismo y cualquier forma de opresión, el asunto de las identidades o su carácter pseudocombativo de salón).
El segundo es, a mi juicio, fantástico.
Tras analizar los años sesenta como el origen de nuestro mundo actual, el autor plantea una sociedad profundamente hedonista, cada vez menos racional y más sentimental, identitaria y mediatizada por el vértigo y superficialidad de las redes sociales. Sobre estas características es lógico que aparezca una política cada vez más populista, ya sea en las formas de extrema derecha o izquierda (de vox a Podemos en el caso español) ya en las nacionalistas (como la catalana).
En el el primero de los casos hay que buscar sus orígenes en Latinoamérica (para el populismo de izquierdas, fuertemente influenciado por las vanguardias históricas más politizadas como Dada, el constructivismo, el situacionismo) y Estados Unidos (para el de derechas, más cercano al futurismo y su vínculo con los fascismo); en el segundo hay una mayor influencia del pensamiento posmoderno y la estetización de la política como un happening gigantesco, sumamente planificado y vendido por los medios de comunicación, tal y como llevaban años haciendo muchas ONG) .
Sea como fuere, todo populismo tiende a crear una imagen de si mismo (acaso más potente que su propia ideología) que atrape a través de las emociones, pues todo se ha convertido en imagen en esta civilización de simulacros, y los votantes en clientes que hay que satisfacer aunque eso cree conflictos y paradojas internas.
Se ha regresado a Gramsci y al control del discurso como forma de imposición, recurriendo a cualquier medio para conseguirlo (pues hay mucho de espectáculo y performatividad en los actos políticos, un gran teatro que hunde sus raíces en estrategias de la vanguardia artística, convirtiéndose así en una nueva forma (la más extensa) de experiencia de arte de nuestra sociedad.
Es excelente el análisis que hace de Podemos, que busca inspiración (en cuanto a los medios) en los populismos latinoamericanos (Monedero en la Venezuela de Chaves, Errejón en la Bolivia de Evo Morales, Iglesias en el subcomandate Marcos) que utilizarán cuando toda la dinámica del 15-M cree el caldo de cultivo idóneo para el nuevo movimiento. También lo es el que realiza sobre el movimiento independentista catalán que utiliza el victimismo y la participación callejera en toda una magnífica serie sentimental llena de numerosos momentos dramáticos (las cadenas humanas, las Diadas, los lazos amarillos, los 56 segundo de vida de la República Independiente de Cataluña, el exilio dorado ...) y su contrapartida irónica, Tabarnia.
Lucas llevaba ya años diciéndomelo pero siempre había otro libro que se le adelantaba y me impedía leerlo.
Acaso es que el propio
libro esperaba el momento perfecto para ser leído, justo tras los resultados catastróficos
de la izquierdas en las elecciones municipales y autonómicas de mayo.
Lo empecé a leer esa
misma noche, buscando algo de silencio ante unas televisiones y radios que no
hacían más que anunciar nuevos territorios azules en el mapa y no pude dejar de
leerlo hasta terminar de leerlo este viernes pasado (menos mal que no había
ensayos ni conciertos en toda la semana, pues habría ido a ellos con muy pocas
horas dormidas).
Desde el primer momento
libro de atrapó, enseñándome (o recordándome) muchas cosas.
El autor comienza a explicarnos el origen del neoliberalismo en esos felices 80 en donde Thatcher y luego Reagan reinventaron toda una regresión sobre el estado del bienestar nacido de la Gran Depresión y la Guerra Fría, comenzando a desmantelar el papel del estado como corrector de los desmanes del capitalismo. (Es alucinante leer los discursos de Thatcher y compararlos con los de la derecha actual, coincidiendo punto por punto)
El neoliberalismo creció
con la caída del muro y colonizó la sociedad, convirtiendo la política en un nuevo objeto de
consumo y, en relación con esto, eliminando la noción de clase obrera por la
aspiración generaliza de pertenecer a la clase media. Más un deseo que una
realidad pero que presiona de forma intensa en el voto de todas estas personas,
tradicionalmente de izquierdas. (Al fin comprendí cómo podía suceder que
Vallecas o Carabanchel votarán a PP de forma absoluta; cada vez votamos más lo
que querríamos ser; nuestro voto es como un cche que nos compramos por encima
de nuestras posibilidades pero que nos genera, desde lo personal a lo
social, un status)
Paralelo a este proceso,
la posmodernidad (su relativismo, individualismo, pensamiento débil, corrección
política…) tomó las dinámicas culturales nacidas a finales de los 60 e hizo
aparecer las identidades (sexuales, animalistas, anticoloniales, feministas,
homosexuales, raciales…).
A partir de entonces la
izquierda se escinde entre la tradicional de clase (preocupada por las
condiciones económicas y sociales de los sectores menos favorecidos) y otra,
disgregadora, ocupada en las identidades (que el autor nunca niega pero
critica) que operan en lo cultural y simbólico.
Esta última, ante la
imposibilidad de verdaderas medidas que aseguren la mejora de los individuos
apuesta (en la mayoría de las veces) por medidas simbólicas, neolenguajes,
técnicas de representación, acciones puramente realizadas para los medios de
comunicación … que tienen un proceso inflacionario muy acelerado, copando la
atención mediática y política.
Se crea así una política
atomizada hecha para múltiples minorías que en muchos casos son simplemente
happenings (muy interesante su comparación entre la antigua militancia política
y el actual activismo posmoderno) y reacciones que en vez de debate terminan generando odios y cancelaciones.
Con todo ello se rompe la
unidad de la izquierda (permitiendo la expansión entre sus grietas del neoliberalismo, incluso en nuestra forma de pensar progresista, convirtiendo la
tradicional solidaridad en competencia por el espacio mediático) y, además, se da
combustible para alimentar a la ultraderecha que no ha parado de crecer. Su
capacidad de utilizar en las redes y los discursos las contradicciones de estas
identidades (muchas veces llevándolas al esperpento o jugando con ellas
demagógicamente) les permiten llegar a un público que en muchas ocasiones se
siente amenazado por todos los ataques que sufre la tradición (social,
económica, cultural…). Soy hombre, blanco, heterosexual, europeo, cis… ¡Eres el
enemigo!
El análisis es demoledor
(no tanto sus soluciones, que no pasan más allá del puro buenismo) y es perfecto para tomar
conciencia de muchos de los movimientos de los distintos partidos,
precisamente ahora que tenemos nuevas elecciones a la vista en las que se
enfrentarán ultraderechas, neoliberalistas o partidos de fuerte carga
identitaria