lunes, 28 de septiembre de 2026
martes, 15 de octubre de 2024
¿UN NUEVO FUTURO PARA LA IZQUIERDA FUERA DE LO WOKE?
En primer lugar, hay que incitar a mujeres, inmigrantes y personas de color menos privilegiadas a apartarse de las feministas adaptadas al mercado, los antirracistas meritocráticos y el movimiento LGBTQ+ convencional, cómplices de la diversidad corporativa y del capitalismo verde o “ecocapi-talismo” que se apropiaron de sus inquietudes para modificarlas de modo que resultaran compatibles con el neoliberalismo. Esa es la meta de una iniciativa feminista reciente que procura reemplazar el feminismo de élite por un “feminismo para el 99%”. Otros movimientos emancipatorios deberían copiar esa estrategia.
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es imprescindible convencer a las comunidades trabajadoras sureñas, rurales y del Cinturón del Óxido de la necesidad de apartarse de sus actuales aliados criptoneoliberales. El truco consiste en persuadirlas de que las fuerzas que promueven el militarismo, la xenofobia y el nacionalismo étnico no pueden y no van a proporcionarles los prerequisites materiales esenciales para una vida digna, mientras que un bloque populista progresista sí está en condiciones de hacerlo. De ese modo, sería factible deslindar entre los votantes de Trump que pueden y deben ser sensibles a ese llamamiento, y los racistas declarados y los nacionalistas étnicos de la derecha alternativa que no lo son. Decir
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No sugiero que un bloque populista progresista deba silenciar las acuciantes inquietudes en torno al racismo, el sexismo, la homofobia, la islamofobia y la transfobia. Al contrario, el combate contra estos males debe ocupar un lugar central en un bloque populista progresista. Pero es contraproducente abordarlos con una condescendencia moralizadora, a la manera del neoliberalismo progresista. Este enfoque supone una visión superficial e inadecuada de esas injusticias, que exagera groseramente la idea de que el problema reside en la mentalidad de la gente y soslaya la profundidad de las fuerzas estructurales e institucionales subyacentes.
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estoy bastante preocupada por el surgimiento de un imaginario de izquierda que se concentra obstinadamente en los movimientos sociales y no piensa en los sindicatos, los partidos y otras formas de organización de los trabajadores. Creo que la izquierda está en crisis al menos en dos aspectos: carecemos tanto de una visión programática como de una perspectiva organizativa. Es como si hubiéramos pasado de la crítica del partido leninista al espontaneísmo neoanar-quista. No me parece que este último sea algo serio, si lo que queremos es cambiar el mundo de raíz. Por eso me interesa explorar el enorme terreno comprendido entre esos dos extremos.
¡Contrahegemonía ya! (Nancy Fraser)
jueves, 6 de julio de 2023
Carlos Granés. Salvajes de una nueva época (Los jueves pensamos)
Aunque ya tenga cuatro años el libro se encuentra de plena actualidad.
En el se plantea las relaciones entre arte y política y la política como forma extrema de arte posmoderno.
El primero de los temas (acaso el más flojo) nos plantea la obra de arte actual como un puro remedo de Duchamp que luego pasó por lo conceptual para ser mal digerida por la posmodernidad. Ninguna novedad más que su tendencia a lo woke (las buenas causas, la crítica del capitalismo y cualquier forma de opresión, el asunto de las identidades o su carácter pseudocombativo de salón).
El segundo es, a mi juicio, fantástico.
Tras analizar los años sesenta como el origen de nuestro mundo actual, el autor plantea una sociedad profundamente hedonista, cada vez menos racional y más sentimental, identitaria y mediatizada por el vértigo y superficialidad de las redes sociales. Sobre estas características es lógico que aparezca una política cada vez más populista, ya sea en las formas de extrema derecha o izquierda (de vox a Podemos en el caso español) ya en las nacionalistas (como la catalana).
En el el primero de los casos hay que buscar sus orígenes en Latinoamérica (para el populismo de izquierdas, fuertemente influenciado por las vanguardias históricas más politizadas como Dada, el constructivismo, el situacionismo) y Estados Unidos (para el de derechas, más cercano al futurismo y su vínculo con los fascismo); en el segundo hay una mayor influencia del pensamiento posmoderno y la estetización de la política como un happening gigantesco, sumamente planificado y vendido por los medios de comunicación, tal y como llevaban años haciendo muchas ONG) .
Sea como fuere, todo populismo tiende a crear una imagen de si mismo (acaso más potente que su propia ideología) que atrape a través de las emociones, pues todo se ha convertido en imagen en esta civilización de simulacros, y los votantes en clientes que hay que satisfacer aunque eso cree conflictos y paradojas internas.
Se ha regresado a Gramsci y al control del discurso como forma de imposición, recurriendo a cualquier medio para conseguirlo (pues hay mucho de espectáculo y performatividad en los actos políticos, un gran teatro que hunde sus raíces en estrategias de la vanguardia artística, convirtiéndose así en una nueva forma (la más extensa) de experiencia de arte de nuestra sociedad.
Es excelente el análisis que hace de Podemos, que busca inspiración (en cuanto a los medios) en los populismos latinoamericanos (Monedero en la Venezuela de Chaves, Errejón en la Bolivia de Evo Morales, Iglesias en el subcomandate Marcos) que utilizarán cuando toda la dinámica del 15-M cree el caldo de cultivo idóneo para el nuevo movimiento. También lo es el que realiza sobre el movimiento independentista catalán que utiliza el victimismo y la participación callejera en toda una magnífica serie sentimental llena de numerosos momentos dramáticos (las cadenas humanas, las Diadas, los lazos amarillos, los 56 segundo de vida de la República Independiente de Cataluña, el exilio dorado ...) y su contrapartida irónica, Tabarnia.
martes, 3 de junio de 2014
LA ABDICACIÓN DE JUAN CARLOS. LAS PRIMERAS REACCIONES
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