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martes, 11 de noviembre de 2025

EL GOLEM

Vuelve a despertarse calladamente en mí la leyenda del Golem espectral, de ese hombre artificial que hace tiempo construyera de materia, aquí en el ghetto, un rabino conocedor de la Cábala, quien lo convirtió en un ser autómata y sin pensamiento, al situar tras sus dientes una mágica cifra numérica. Y del mismo modo que aquel Golem se convertía en una estatua de barro en el mismo segundo en que se quitaba de su boca la sílaba misteriosa de la vida, me parece

(...)

Siglo XVI. Cuentan que un rabino creó, según métodos de la Cábala ahora perdidos, un hombre artificial, el llamado Golem, para que lo ayudara, como su criado, a tocar las campanas en la sinagoga y a hacer todos los trabajos duros. 

Pero también cuentan que no le salió un hombre auténtico, ya que su única forma de vida consistía en vegetar de un modo rudo y semiinconsciente; además, según dicen, sólo durante el día, gracias a la influencia de una hoja mágica que le ponía entre los dientes y que atraía las libres fuerzas siderales del universo.

 Cuando una noche el rabino se olvidó de quitarle, antes de la oración, la hoja de la boca, dicen que cayó en un estado de delirio tal que, corriendo en la oscuridad de las callejas, destruyó todo lo que encontraba en su camino. Hasta que el rabino se enfrentó a él y destruyó la hoja. La criatura debió caer sin vida. No quedó nada más de él que la figura enana de barro que hoy todavía se puede ver en la antigua sinagoga de Altneus.

 –Se dice que en cierta ocasión llamaron al rabino al palacio del emperador, que conjuró e hizo visibles a los muertos -interrumpió Prokop-. Algunos investigadores modernos afirman que para ello utilizó una linterna mágica.


El Golem (Gustav Meyrink)

miércoles, 30 de abril de 2025

Tecnofeudalismo. El nuevo mundo tras las redes sociales

Se les enseña implícitamente a verse a sí mismos como una marca, pero ésta será juzgada por su apariencia de autenticidad.

(...)

(Y eso incluye a posibles empleadores: «Nadie me ofrecerá un trabajo hasta que haya descubierto mi verdadero yo», me dijo una vez un licenciado.) 

Así, antes de publicar una imagen, subir un vídeo, reseñar una película o compartir una fotografía o un mensaje, deben considerar a quiénes complacerán o disgustarán con su elección. De alguna manera, tienen que averiguar cuál de sus «verdaderos yoes» potenciales resultará más atractivo para los demás, contrastando siempre sus opiniones con lo que creen que podría ser el parecer medio entre los creadores de opinión online.

Todas las experiencias pueden captarse y compartirse, por lo que les consume continuamente la duda de si hacerlo o no. Incluso aunque no exista ninguna posibilidad de compartir la experiencia, esa posibilidad puede imaginarse con facilidad, y así se hará. Cada elección, contemplada o no, se convierte en un acto de construcción de la identidad. 

No es necesario ser un crítico radical de nuestra sociedad para darse cuenta de que el derecho a tener cada día algo de tiempo en el que uno no esté en venta casi ha desaparecido. La ironía es que quienes acabaron con el individuo liberal no fueron los camisas pardas fascistas ni los guardias estalinistas. Murió cuando una nueva forma de capital empezó a enseñar a los jóvenes a hacer lo más liberal del mundo: ¡ser tú mismo!

(...)

Este individualismo posesivo siempre ha sido perjudicial para la salud mental. El tecnofeudalismo empeoró infinitamente la situación cuando derribó el cerco que proporcionaba al individuo liberal un refugio frente al mercado. 

El capital en la nube ha descompuesto al individuo en fragmentos de datos, una identidad compuesta de elecciones expresadas por clics que sus algoritmos son capaces de manipular. Ha producido individuos que, más que ser posesivos, están poseídos, personas incapaces de ser dueñas de sí mismas. Al apropiarse de nuestra atención, ha disminuido nuestra capacidad de concentración. No hemos perdido la voluntad. No, nos han robado la concentración.

 Y como se sabe que los algoritmos del tecnofeudalismo refuerzan el patriarcado, los estereotipos y las opresiones preexistentes, los más vulnerables —las niñas, los enfermos mentales, los marginados y también los pobres— son quienes más sufren las consecuencias. Si algo nos ha enseñado el fascismo es nuestra tendencia a demonizar estereotipos y la horrible atracción que despiertan en nosotros emociones como la rectitud, el miedo, la envidia y el odio. 

En nuestro mundo tecnofeudal, internet acerca al «otro», temido y odiado, nos enfrenta directamente a él. Y como la violencia online parece incruenta y anodina, somos más propensos a responder a este «otro» online con ira, provocaciones y un lenguaje inhumano. 

La intolerancia es la compensación emocional del tecnofeudalismo por las frustraciones y las ansiedades que experimentamos en relación con la identidad y la atención. Los moderadores de comentarios y la regulación del discurso de odio no pueden parar esto, porque es algo intrínseco al capital en la nube, cuyos algoritmos optimizan las rentas de la nube, que surgen más abundantemente del odio y la insatisfacción.

Tecnofeudalismo (Yanis Varoufakis)

viernes, 25 de abril de 2025

Tecnología y futuro

Bifurcación en la que nuestro camino nos llevará, o bien a un mundo que se parecerá al de Star Trek, en el que las máquinas contribuyen a que seamos mejores, o bien a una distopía como la de Matrix, en la que los humanos son un mero combustible que alimenta un imperio de máquinas.

Tecnofeudalismo (Yanis Varoufakis)


martes, 8 de abril de 2025

Derecha e izquierda woke en el mundo global

En su lugar, tenemos un centro y una derecha alternativa, ambos esclavizados por una nueva clase dominante, los nubelistas, cuyo ascenso al poder ellos han permitido, mientras la izquierda está absorta en una guerra civil sobre la definición de «mujer», la jerarquía de las opresiones, etcétera. Entretanto, nadie habla en nombre de los proletarios de la nube, de los siervos de la nube, de los capitalistas vasallos, de lo que queda del proletariado-precariado tradicional, de las víctimas del cambio climático,

Hoy, la lucha de clases ha sido sustituida por la llamada «política de la identidad». Por desgracia, el impulso de proteger a las minorías raciales, sexuales, étnicas y religiosas y de aplicar una justicia restaurativa le viene muy bien a las personas en el poder que quieren parecer socialmente liberales; incorporan con entusiasmo estas causas a su discurso, siempre que sólo tengan que defenderlas de boquilla y hacer muy poco por proteger a las minorías de las causas sistémicas de su opresión. Además, esta adhesión discursiva a la política de la identidad permite a quienes tienen autoridad no hacer nada contra el poder extractivo económico y político que se entrelaza cada vez más con el capital en la nube. En cuando a la derecha alternativa, nada podría gustarle más. Reconoce en las políticas identitarias una oportunidad inmejorable para sacar provecho de los sentimientos defensivos, tribales, racistas y de lealtad grupal que despiertan en los votantes blancos. 

En este nuevo escenario político, la socialdemocracia es imposible. Ya no tenemos al capital en un bando y a los trabajadores en otro, lo que permitiría a un gobierno socialdemócrata hacer de árbitro y obligar a ambas partes a llegar a acuerdos.


Tecnofeudalismo (Yanis Varoufakis)

viernes, 29 de septiembre de 2023

LAS COSAS DE LAURA Twiter según Jorge Volpi

Su curiosidad lo llevó a adentrase en la estructura de las redes, se convirtió en un avezado explorador que, como Darwin al estudiar los pinzones en las Galápagos, le permitió concluir que el pajarraco azul se rige por las leyes de la evolución, por unas leyes de la evolución exacerbadas, donde la selección natural opera en un ecosistema hiperviolento, donde los recursos, la atención de los otros, resultan escasísimos y donde se impone batirse a muerte para medrar y sobrevivir, usted captó muy bien que quienes entran en ese reino viven obsesionados con la búsqueda de corazones y réplicas y que, en su afán por conseguirlos, extreman los insultos y se lanzan en frases cada vez más crueles para seducir a sus compinches

(...)

 las redes sociales son el viejo oeste, allí solo sobreviven los más aptos, y los más aptos son sin excepción los más brutales y los más exhibicionistas y los más ingeniosos y los más desocupados y los más despiadados y los más hipócritas y los más cínicos, cuyo número de seguidores aumenta a un ritmo estratosférico en tanto los bienintencionados, los mansos y los débiles se extinguen en un santiamén,

(...)

un espacio donde todos los humanos, sin distinción de nacionalidad, sexo, edad o ideología, descargamos nuestro veneno, nuestra santa rabia, con total impunidad, un sitio donde nos convertimos en caníbales, como el padre de la película, criaturas solitarias compitiendo unas contra otras, dedicadas a desgarrarnos mientras sus dueños esquilman nuestros datos, nuestros secretos y nuestras personalidades para venderlas al mejor postor, multimillonarios de la peor calaña, esos que tienen la conciencia tranquila, 






miércoles, 27 de septiembre de 2023

Laura Santolaya. Diremos que nos conocimos en un bar

 Un agradabilísimo cómic que nos habla (en clave de humor) sobre nuestras relaciones con la tecnología (y en especial el móvil) y del amor.
















En el primero de los temas nos encontramos una ácida crítica a nuestras adicciones tecnológicas, especialmente cuando la protagonista es víctima de un robo en el que desaparece el móvil.

Resultan sumamente certeros muchos de sus chistes que son algo más que eso

La segunda parte enfoca el tema tecnológico a las nuevas formas de relaciones amorosas que ha abierto la red.


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En ella se cuela toda una radiografía de las generaciones Y y Z, con todas sus nuevos modos de relacionarse, sus intereses, sus cambios ideológicos que han cambiado la política por los comportamientos sociales frente a las minorías, los animales, el medio ambiente. 
De las ideas a los colectivos y a los estados de ánimo






                                  MÁS CÓMIC EN NUESTROS BLOG




sábado, 27 de mayo de 2023

EL LIBRO DEL SÁBADO. Jorge Volpi. Enrabiados


Un libro irregular pero muy inquietante en numerosos fragmentos.

Este conjunto de cuentos nos habla de uno de los síntomas más reveladores de la más rabiosa actualidad: la rabia. Ese odio visceral que se proyecta contra los demás como una forma (inútil) de sanación propia.

En ese sentido el libro es muy oportuno, analizando las rabias que surgen en la política, en las relaciones personales, la familia, la ciencia y la academia, la empresa o la propia literatura, infiltrándose en la propia ficción.

Aún más oportuno es la constante presencia de las redes sociales (especialmente Twitter) como lugar perfecto para la creación, amplificación y distribución de esa rabia. Su anonimato, viralidad y algoritmos que se basan en nuestras más bajas pasiones lo convierten en un instrumento mortal para la expansión de esta nueva pandemia que ha sustituido a la anterior de las mascarillas y para la que no se han encontrado aún vacunas que nos protejan realmente (porque, en realidad, para funcionar, deberían protegernos de nosotros mismos y de nuestros miedos/odios/incapacidades/debilidades)

Todo esto permite una interesante reflexión sobre nuestro entorno más cercano y actual, por lo menos en los momentos más intensos de estos cuentos que (en su contra) a menudo son excesivamente largos y prolijos, quitando intensidad a su mensaje y añadiendo muchas páginas que nada aportan.

Solsona


                                              ÍNDICES DE NARRATIVA


sábado, 8 de abril de 2023

El libro del sábado. Remedios Zafra. Un cuarto propio conectado


Un ensayo que no lo es del todo, pues para un mundo cada vez más líquido y gaseoso no es preciso el pensamiento lineal, sino el paseo sin rumbos claros, una cena de picoteo, pequeñas tapas que hablan de uno pero también de lo de fuera.

Tomando el famoso cuarto de Virginia Woolf, Remedio Zafra se plantea describir cómo han cambiado nuestros espacios privados (paradójicamente abiertos al mundo entero a través de la Red).

Un lugar íntimo que (de nuevo paradoja) se convierte en nueva fábrica de producción. Un refugio desde el que expresarnos en el universo virtual que es ventana para ver y ser visto (algo fundamental para existir más allá de las puras relaciones físicas).

Desde el feminismo (no dogmático) se replantea el nuevo papel de la mujer (tan vinculado a la habitación privada) y las nuevas relaciones sociales/laborales/lúdicas que nos ofrece una sociedad a distintos niveles (uno físico otro u otros virtuales en sus distintos metaversos) que necesitan una reconstrucción de la propia identidad.

Muy sugerente.




                                           ÍNDICES DE NARRATIVA