Una novela impar, una más entre las de este magnífico autor que juega con el mito y, curiosamente, también con el presente
Ambientada en la Inglaterra de la Alta Edad Media que ha perdido ya sus referentes romanos y malvive en pequeñísimas comunidades, nos plantea un mundo lleno de supersticiones miedos y temores
Su pluma recrea este vasto paisaje lleno de dragones, ogros, terribles amenazas que nos sugestionan desde la primera página y nos introduce en un lugar inhóspito en donde la niebla, que es el olvido, se va llevando toda la posible memoria, dejando a los hombres desamparados de sí mismos, sin pasado , temerosos de todo.
Una niebla que, sin embargo, ... Enredada en las líneas de su prosa, pocas veces en su carrera tan sugerente, hay una pregunta terrible: ¿hasta donde está necesario el olvido? ¿Acaso este olvido es la única salvaguardia que tenemos en nuestras relaciones con los otros, para no odiarnos hasta la extenuación?
Hubo uno, sin embargo, que a nosotros nos puede parecer un tanto absurdos hoy, pero que en el Siglo de Oro tuvo especial importancia: el patronazgo de España
Todavía en tiempos de Felipe III (gran devoto de ella, como su padre), y aún solo siendo beata la futura santa, se intentó convertir a la santa en patrona de las Españas en detrimento de Santiago.
Tras su santificación, el asunto volvió a aparecer, convirtiéndola (aunque temporalmente) en copatrona.
Este hecho dividió en dos a la sociedad española, pues en realidad, respondía a dos modelos de sentir y entender España.
Quevedo se postuló rápidamente como defensor de Santiago, pues no en vano era caballero de Santiago y profundo misógino, redactando un memorial para ser enviado a Roma
“Los reyes, señor, armaban caballeros en España; mas a los reyes Santiago los armaba caballeros: de su altar tomaban las armas y la espada, y el bulto del Santo Apóstol les daba la pescozada en el carrillo… Pues, ¿cómo pretenderán los padres de la Reforma que Santiago os dé armas a vos y que las volváis contra él; que de su altar toméis la espada y que le quitéis vos la que él (tiene) en su mano para dársela a Santa Teresa, a quien sus mismos hijos han hecho estampar con una rueca? La pescozada, señor, antiguamente Santiago la daba a los reyes; hoy quieren los procuradores de corte que los reyes se la den a Santiago en la cara. A vos os lo proporcionen… Ni los frailes lo pueden negar, ni los procuradores lo deben proseguir; ni vos, señor, lo debéis mantener.”
Frente a él se encontraba el Conde duque que intentaba cambiar el destino de las Españas, abandonando la guerra santa contra el Islam (que en aquel momento ya no tenía demasiado sentido tras el fin de la Reconquista, Lepanto y las actuaciones de la Inquisición) en favor de una reformista docta que buscaba un cambio de mentalidades, huyendo de la opulencia, desatendiendo la limpieza de sangre, buscando a Dios en los pucheros (y no solamente en el poder omnímodo de la Iglesia y sus jerarquías)...
En 1627, el papa Gregorio XV la consideró como patrona, aunque poco duraría, pues unos pocos años después, el mismo papa en un Breve, lo eliminaría.
Pero la historia no acaba aquí, y en 1812, en las famosas Cortes de Cádiz, se volvía al copatronazgo (de nuevo las dos Españas)
Como otros tantos principados y repúblicas de la Italia del Renacimiento, Ferrara fue el modelo de las mayores expresiones artísticas junto a las mayores atrocidades.
Ferrara
era una corte prestigiosa, amiga de todas las artes. Atraía a las mentes más
brillantes de la península y de Europa. Su Universidad, su teatro y sus
palacios decorados magníficamente la convertían en un templo consagrado por un
gran número de humanistas, poetas, pintores, escultores y músicos entre los más
célebres
(...)
.
Cuando murió, Hércules, hijo legítimo del primer lecho de Nicolás, había
restaurado la tradición sanguinaria de los Este. Cuando su sobrino, hijo de
Lionello, había querido destituirlo, lo había hecho decapitar y los doscientos
partidarios del complot habían sido colgados de las paredes del Palazzo
Tras los gobiernos de Nicolás III, Leonello y Borgo, el esplendor llegará con el hermano menor, Ercole I y el hijo de éste, Alfonso, que analizamos en un post independiente
En lo político, se enfrentó a los Estados Pontificios y Venecia en la llamada guerra de la sal, en donde Venecia pretendía adueñarse parte de sus territorio marítimos mientras el Papa anexionar los restos a los Estados pontificios a través del señorío de Forli de Girolano Riario. En su bando se colocaron Federico de Montefeltro como condottiero, Nápoles (en donde se había educado y era oriunda su esposa Eleonora de Aragón), Milán y los Gonzaga de Mantua.
Eleonora de Aragón por Mazzoni como Salomé en su lamentación de la Iglesia del Gesú. Ferrara
En el tratado de Bagnolo consigue la paz sin ceder nada al Vaticano y algunos territorios (Rovigo) a los venecianos.
Agotado económicamente, no intervino en la Primera guerra italiana contra Carlos VIII (lo que le permitió concentrarse en su fase Adición) y finalmente intentó atraerse al Vaticano casando a su hijo Alfonso con la hija del Papa Alejandro VI, Lucrecia Borgia
En el terreno cultural, fue un importante mecenas de la Italia Renacentista, especialmente volcado en el terreno teatral (primeras representaciones profanas en Italia) y musical (Alexander Agricola , Jacob Obrecht , Heinrich Isaac , Adrian Willaert , y Josquin des Prez con su Missa Hercules dux Ferrariae )
Cuando tenía cuarenta y dos años y siete meses, una luz cegadora de gran brillo procedente del cielo inundó toda mi mente. Como una llama, que no se quema sino que se inflama, prendió mi corazón y todo mi pecho, como el sol que calienta un objeto con sus rayos. De repente, pude saborear la comprensión de cuanto se narraba en los libros. Vi el salterio claramente y los Evangelios y otros libros católicos del Nuevo y del Viejo Testamento»
El Hombre Universal, Liber Divinorum Operum de San Hildegard de Bingen, 1165 Copia del siglo XIII
A partir de este momento las visiones se sucederán hasta su muerte, y Hidelgarda las anotará minuciosamente pero, además, las dibujará una y otra vez, creando un conjunto de iluminaciones verdaderamente asombrosas a mitad de camino entre el románico y el primer gótico
Representación medieval de una tierra esférica con diferentes estaciones al mismo tiempo (del libro "Liber Divinorum Operum").
I Cori Angelici. Miniatura de la obra de Hildegarda von Bingen (1098-1179)
Una ciudad cuadrada, Liber divinorum operum
Y vi en el misterio de Dios, como en medio de la atmósfera austral, una bella y maravillosa imagen con figura humana, cuyo rostro era tan hermoso y de tanta luminosidad que más fácilmente podría yo mirar al sol; un gran círculo dorado ceñía su cabeza. Pero en el mismo círculo, sobre esa cabeza apareció otro rostro como de un anciano, cuyo mentón y barba tocaban la parte superior de la cabeza del primero. Y de uno y otro lado del cuello de la figura salía un ala, y las dos elevándose por sobre el círculo [dorado] se unían. En el punto extremo de la curva del ala derecha contemplé una cabeza de águila con ojos de fuego, en los que se reflejaba el esplendor de los ángeles como en un espejo; en el extremo de la curva del ala izquierda había un rostro humano, que brillaba como la luz de las estrellas. Estos rostros estaban vueltos hacia el oriente. También de uno y otro hombro de esta imagen [salían] unas alas [que] se extendían hasta las rodillas. Vestía una túnica que brillaba como el sol; en sus manos sostenía un cordero resplandeciente como la luz del día. Con sus pies aplastaba a un monstruo de horrible aspecto, ponzoñoso, y de color negro, y a una serpiente que mordía la oreja derecha del monstruo; el resto de su cuerpo estaba enrollado oblicuamente en torno a la cabeza, y su cola se extendía por la parte izquierda hasta sus pies
Representación de la primera visión en Liber divinorum operum .
La Creación del Mundo en seis días La luz que veo no está localizada, pero es más brillante que el sol; no puedo examinar su altura, longitud o anchura, y la llamo "la nube de la luz viviente". Y al igual que el sol, la luna y las estrellas se reflejan en el agua, igual los escritos, dichos, virtudes y obras de los hombres brillan en ella ante mí...
Un delicioso volumen de cuentos de gente corriente, en situaciones cotidianas , con alegrías y tragedias sencillas, ínfimas , maravillosamente condado.
Y es que la literatura de Miguel Torga huye de los grandes personajes y temas para zambullirse en una realidad pequeña, llena de humanidad, con sus tristezas y pequeñas celebraciones, sus relaciones personales en el trabajo, los negocios, las parejas ....
Su capacidad para narrar es maravillosa y los cuentos fluyen por si solos como pequeños riachuelos en medio de un parque, que nunca aparecerán en los mapas pero que son tan importantes para el niño que juegan ellos .
Realmente nos volvemos más humanos y sencillos leyéndole, pues es una pequeña delicia inesperada sin ningún tipo de truco, solo la vida misma esos pequeños accidentes
Junto a él, la santa decide fundar un convento masculino (el segundo) en unos terrenos cercanos a la villa que ocupaba la antigua ermita de San Pedro; para ello elige a San Juan como futuro prior.
Fachada del convento, realizada por fray Alberto de la Madre de Dios
La acompañaban dos monjes napolitanos, a cual más extraño: fray Juan de la Miseria, primero franciscano y con rudimentos de pintura con los que realizará el primer cuadro de la santa, y Mariano de Azzaro, antiguo ingeniero hidráulico que excavará minas en todo el entorno para conseguir agua.
Tras unos meses Santa Teresa decide volver a trasladar a San Juan esta vez Alcalá como director del Colegio Universitario que ha hecho en la ciudad para la Orden Carmelita, San Cirilo. (Con él la reforma quiere abandonar el voluntarismo y, siguiendo las ideas de los jesuitas, siempre tan cercanos a Santa Teresa, dar una sólida base intelectual a sus monjes más destacados).
Colegio convento carmelitas descalzos de San Cirilo
Mientras San Juan se encuentra en Alcalá la Fundación masculina Pastrana cae en un abismo de problemas con un nuevo prior que no da la talla y la aparición de una extraña ermitaña vestida de hombre, Bárbara Catalina, que durante unos años tuvo predicamento en la corte y fundó eremitorios en la Roda con las limosnas recibidas por nobles y familia real, siendo invitada en varas ocasiones por la Princesa de Éboli
Cueva cercana al convento en donde San Juan se retiraba a meditar
En el extremo suroccidental de Portugal, muy cerca del Cabo de San Vicente se encuentran unas ruinas que se encuentran entre la leyenda y la historia.
La famosa rosa de los vientos de Sagres
Se ha supuesto que en ellas se encontró la famosa escuela de navegantes patrocinada por el infante don Enrique en la que se entremezclaron tradiciones judías y, tal vez templarias a través de su orden sucesora, la de Cristo.
No se han encontrado evidencias arqueológicas, pero lo cierto es que la historia de los descubrimiento (más allá de sus motivaciones socio-económicas que analizamos aquí) tiene aún muchos rincones oscuros, como este que tratamos.
Durante varios años, Sagres fue la residencia del Infante, y desde ella se patrocinaron múltiples descubrimientos: Madeira (João Gonçalves Zarco y Tristão Vaz Teixeira, 1425), Azores (Gonçalo Velho Cabral) , cabo Bojador (Gil Eanes), Cabo Blanco en 1441 (Nuno Tristão ), Río Senegal , Cabo Verde y Guinea(Dinis Dias).
Posiblemente aquí se botó la primera carabela, y se perfeccionaron los astrolabios y sus tablas numéricas, pues conocemos que Don Enrique fue un gran matemático (que impulsó esta disciplina en la Universidad de Lisboa), obsesionado por la astronomía y astrología (entonces no se distinguían entre ellas, y fue abierta una cátedra para su estudio en la Universidad de Coimbra).
En esta ansia de conocimiento (que en el fondo escondía una avaricia mayor, la conquista y explotación de la costa africana), y con un patrimonio que permitía la puesta en marcha de todos sus planes, Don Enrique no dudó en atraerse judíos (conversos o no, como el cartógrafo mallorquín Jaime Ribes)
Fotografías gentileza de Rafael Rodríguez Carrero y Juan Aranda
Una novela perfecta desde la primera a la última línea.
Como si fuera una tragedia griega , con su propio coro en medio del sopor del Caribe, la novela nos narra la muerte imposible de evitar de Santiago Nasar.
Una tragedia en donde todos los hados se conjuran para tomarse esa muerte, pese a que mil veces fue posible evitarla y por otras mil causas no se pudo hacer.
Para construirla, García Márquez limitó las exquisiteces de su prosa, haciéndola ayunar de sus maravillosos adjetivos y subordinadas, para que los mecanismos se movieran exactos, sin un solo segundo de descoordinacion.
Buscaba hacer palpable al lector el avance sin fisuras del destino trágico, aunque tuviera que encarcelar a sus personajes, sin dejarlos mecerse en las aguas oscuras de sus propios delirios, convirtiéndoles en figuras de papel que el viento de la desgracia mueve a su antojo.
Muchas renuncias para conseguir una narración impecable, verdaderamente fascinante que se lee sin posibilidad de descanso, como si nosotros tampoco pudiéramos huir de este asesinato