Este verano
ha aparecido un volumen que recoge todos los cuentos del escritor más grande
que ha dado América, uno de los más grandes de toda la historia universal de la
Literatura.
Evidentemente,
como podéis ver, con Gabo no puedo, ni quiero, ser objetivo y todo lo que
consiga decir de él apenas si será una sombra de lo que él me ha hecho sentir.
Pues gracias a sus libros yo descubrí la gran literatura y Cien Años de Soledad
se convirtió en mi gran libro de cabecera al que siguieron uno tras otro todos
sus libros que compraba según iba teniendo el dinero y me leía una, dos, tres
veces consecutivas.
Por ello,
cómo no celebrar esta edición que reúne una de las mejores cosas que sabe hacer
García Márquez: contar cuentos, maravillarnos con ellos como si de nuevo
fuéramos niños pequeños y el mundo un lugar tan maravilloso (y terrible) como
debería ser.
Quien no los
haya leído realmente se está perdiendo una de las mayores fascinaciones que
puede dar la literatura, pues en sus cuentos está (destilado) lo mejor de su
escritura y quien los descubra inmediatamente tendrá que leer sus grandes
novelas.
De veras os
lo digo. Uno no puede ser el mismo después de haber sido arrebatado por su
prosa de adjetivos que nunca se habían utilizado, de una musicalidad que te
mece como un mar de olas. Gabo se lee como un plato agridulce que no para de
fascinar, que te conmueve, te calma, te seduce, te pisotea, te enamora…
Cómo puede
uno vivir sin saber todas estas historias, como las del ángel tan humano de Un
Señor con alas muy viejo. Conocer La triste e increíble historia de Eréndida y
su abuela desalmada como una larga pesadilla a lo largo de todo el Caribe.
Saber que la luz es como el agua y puede provocar inundaciones. Ser testigos de
los funerales de la Mamá Grande, la más poderosa de las matronas que jamás
habitó el mundo. Compartir nuestra pena ante el ahogado más triste del mundo, que era evidente que debía de llamarse Esteban.
Saber la tristeza más profunda que puede tener el agua junto a Isabel viendo llover sobre Macondo. Asustarnos ante
el barco fantasma que todas las noches naufraga sin remedio hasta que un día
ocurra de cierto. Conocer a Blacamán, el bueno, hacedor de milagros y otras
tantas imposturas…
Y es que, ¡carajo!,
como diría cualquier de sus personajes, García Márquez se inventó un mundo
entero llamado Macondo en donde todo puede ocurrir gracias a la poesía. A esto
le llamaron realismo mágico, toda una forma de contar el mundo que provenía ya
de las Mil y Una noches en la que la fantasía y el lenguaje son las dueñas de
todo.
Él nos
enseñó así el poder terrible de las palabras. De cómo una sola frase tiene la
fuerza de un discurso entero. Leedlo y lo descubriréis. Veréis la selva de
palabras crecer ante vuestros ojos atónitos, floreciendo en metáforas que
reventarán de esplendor apenas pronunciadas mientras otro mundo os arrastra a
vuestra niñez.
LUGARES
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Donde García Márquez conoció a Cortázar
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OTROS
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Los genios (Bayly)
García Márquez. Historia de un deicidio (Vargas Llosa)
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